sábado, 1 de febrero de 2014


VAMONOS PATRIA A CAMINAR



Otto René Castillo 
(1936-1967) 

VAMONOS PATRIA A CAMINAR 

1.- Nuestra voz. 
2.- Vámonos patria a caminar. 
3.- Distante de tu rostro. 



1.- Nuestra voz. 

Para que los pasos no me lloren, 
para que las palabras no me sangren: 
canto. 
Para tu rostro fronterizo del alma 
que me ha nacido entre las manos: 
canto. 
Para decir qe me has crecido clara 
en los huesos más amargos de la voz: 
canto. 
Para que nadie diga: ¡tierra mía!, 
con toda la decisión de la nostalgia: 
canto. 
Por lo que no debe morir, tu pueblo: 
canto. 
Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte: 
tú, interrogación de frutas y mariposas silvestres, 
no perderás el paso en los andamios de mi grito, 
porque hay un maya alfarero en tu corazón, 
que bajo el mar, adentro de la estrella, 
humeando en las raíces, palpitando mundo, 
enreda tu nombre en mis palabras. 
Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos, 
porque viene al encuentro de mi dolor humano. 
Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento 
para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca.



Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre, 
para que nunca baje al lugar donde nació la traición 
del vil que ató tu corazón a la tiniebla, ¡negándote! 


Vámonos patria a caminar, yo te acompaño. 

Yo bajaré los abismos que me digas. 
Yo beberé tus cálices amargos. 
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos. 
Yo me quedaré sin voz para que tú cantes. 
Yo he de morir para que tú no mueras, 
para que emerja tu rostro flameando al horizonte 
de cada flor que nazca de mis huesos. 

Tiene que ser así, indiscutiblemente. 

Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo. 
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante. 
Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre 
del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo. 
Ay, patria, 
a los coroneles que orinan tus muros 
tenemos que arrancarlos de raíces, 
colgarlos de un árbol de rocío agudo, 
violento de cóleras de pueblo. 
Por ello pido que caminemos juntos. Siempre 
con los campesinos agrarios 
y los obreros sindicales, 
con el que tenga un corazón para quererte. 

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño. 



3.- Distante de tu rostro. 

Pequeña patria mía, dulce tormenta, 
un litoral de amor elevan mis pupilas 
y la garganta se me llena de silvestre alegría 
cuando digo patria, obrero, golondrina. 
Es que tengo mil años de amanecer agonizando 
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso, 
flotante sobre todos los alientos libertarios, 
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina. 

Ay, Guatemala, 
cuando digo tu nombre retorno a la vida. 
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa. 
Subo las letras del alfabeto hasta la A 
que desemboca al viento llena de alegría 
y vuelvo a contemplarte como eres, 
una raíz creciendo hacia la luz humana 
con toda la presión del pueblo en las espaldas. 
¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados. 
Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte! 

¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa? 

Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce, 
pero su lucha lo resuelve todo humanamente. 
Por ello patria, van a nacerte madrugadas, 
cuando el hombre revise luminosamente su pasado. 

Por ello patria, 
cuando digo tu nombre se rebela mi grito 
y el viento se escapa de ser viento. 
Los ríos se salen de su curso meditando 
y vienen en manifestación para abrazarte. 
Los mares conjugan en sus olas y horizontes 
tu nombre herido de palabras azules, limpio, 
pata lavarte hasta el grito acantilado del pueblo, 
donde nadan los peces con aletas de auroras. 

La lucha del hombre te redime en la vida. 

Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad 
cargando la esperanza por los caminos del alba. 
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento. 
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos. 
La que inventa huracanes de amor y cerezales 
y se da redonda sobre la faz del mundo 
para que todos amen un poco de su nombre: 
un pedazo brutal de sus montañas 
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros. 

Pequeña patria, dulce tormenta mía, 
canto ubicado en mi garganta 
desde los siglos del maíz rebelde: 
tengo mil años de llevar tu nombre 
como un pequeño corazón futuro 
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.